A las nueve de la noche se puso de parto.
Esta oveja no empujaba y tuvimos que asistirla (quizás porque era primeriza).
La acorralamos contra la pared del establo.
Mientras yo la sujetaba con fuerza (de pie, echando todo el peso sobre mi pierna-rodilla y sobre ella y con ambas manos por las lanas del cuello y del lomo), Hug metía el brazo por la vagina de la oveja para sacar a los corderitos, que venían dos.
Tenía que encontrar las patas traseras (nacía de culo) y tirar de ellas hacia afuera, con la fuerza justa para poder sacarle pero sin causarle ningún perjuicio físico.
Hay que sacarles la mucosa de la boca para que no se ahoguen y cortarles el cordón umbilical [con las manos se puede perfectamente, es una sustancia viscosa de consistencia similar a la de una raba o tira de calamar (un poco más blandita)].
La madre se encargará de lamerles y darles calor.
Trastabillean un poco al principio pero, si están sanos, consiguen erguirse.
Un poco más adelante se les pondrá una goma prieta (gomilla al uso) en el rabo para que lo pierdan.
También habrá que ponerles los zepos distintivos en las orejas.
El cordón umbilical hay que cortarlo con cuidado, sujetando la parte que va a quedar cerca del ombligo y cortando con la otra mano. Hay que evitar producirles desgarros. La longitud no debe de ser muy muy corta ni larga como para que arrastre el suelo o se pueda enganchar.
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